Decían los padres de nuestros padres, que un hombre debía tener las tres “F”: Feo, fuerte y formal. Así las preferían las damas, las mujeres de antes y de hoy también. La referencia viene a la mente porque en las redes sociales ha circulado una historia que no parece tener fin, la de los “principesos”, que son una burla social ya que su femeneidad les impide realizar las obras por temor a quebrarse una uña, lastimarse un cabello, despeinarse o realizar actividades exclusivas para el hombre rudo.