El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, advirtió ayer que Israel no ha dicho su “última palabra” con los bombardeos en el sur de Líbano, lanzados para frustrar el ataque de gran escala de Hezbolá.
El movimiento chiita libanés lanzó un ataque a gran escala contra Israel en respuesta a la muerte de uno de sus comandantes en un bombardeo israelí contra Beirut el 30 de julio.
Algunos medios israelíes aseguraron que se trata del cuartel general del Mosad, el servicio de inteligencia exterior israelí, ubicado cerca de la ciudad de Tel Aviv.
Por su parte, el jefe de Hezbolá, Hasan Nasralá, desmintió las afirmaciones de Israel, que este domingo aseguró haber destrozado “miles de lanzacohetes” en Líbano e interceptado “miles de cohetes”.
En tanto, Estados Unidos afirmó que “no participó en los ataques preventivos de Israel anoche. Proporcionamos algún apoyo de ISR (inteligencia, vigilancia y reconocimiento) en términos de seguimiento de los ataques entrantes del libanés Hezbolá, pero no realizamos ninguna operación porque no era necesaria”, señaló el funcionario bajo condición de anonimato.
En este contexto, el brazo armado de Hamás afirmó ayer que disparó un cohete contra Tel Aviv, que, según el ejército israelí, cayó en una zona deshabitada.
Todo esto sucede cuando las negociaciones en busca de un cese al fuego llevadas a cabo en El Cairo, Egipto, parecen empantanadas.

































