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jueves, marzo 5, 2026

Gustavo Vázquez Lozano muestra al Juárez represor y sangriento

Al contrario de lo que se narra en los libros, murales y discursos oficiales, Benito Juárez (1806-1872), presidente de México del 21 de enero de 1858 hasta su muerte, no fue un gobernante ejemplar, sino un represor sangriento de los yaquis, ordenó ejecuciones masivas de los amotinados y, al final de su vida, ya no se identificaba con los indios, siendo uno de ellos.

Todos conocemos al Juárez que restauró la República y ordenó el fusilamiento del emperador Maximiliano de Habsburgo, al héroe de bronce cuya epopeya parece concluir en 1867, con su célebre apotegma: ‘El respeto al derecho ajeno es la paz’”, advierte en entrevista el escritor y ensayista Gustavo Vázquez Lozano.
Cuando cumple su función simbólica; es decir, regresar a la Ciudad de México tras la caída del Segundo Imperio, ahí termina el arco narrativo de Benito Juárez, según libros, murales, pinturas, se termina el cuento de hadas”.

“Pero la vida no funciona así, la vida de Juárez continúa después del clímax histórico. Y me intriga ese después, esa soledad, desgaste y transformación silenciosa, ese espacio donde la historia se vuelve literatura: los últimos cinco años de su vida, de los que nadie quiere hablar”, explica.

“Juárez dista de ser un gobernante ejemplar”

Por esta razón, el autor echa luz a este periodo en su libro Yo, Benemérito (Debate), que alude al abogado, jurista y político mexicano de origen zapoteca conocido como El Benemérito de las Américas.

“Es un periodo incómodo para la historiografía, porque Juárez dista de ser un gobernante ejemplar. Comparado con los demás del siglo XIX es la misma cosa: represor, intervino en las elecciones, se aferró al poder. Pero, como es don Benito, estos cinco años se callan.

Él no sólo piensa que está refundando el país; en un discurso expresa que está entregando a México su segunda Independencia o, en lenguaje actual, su segunda transformación. Crea un nuevo Himno Nacional y no concibe la existencia de la nación sin él al frente, por lo que hace todo por continuar en el poder”, agrega.

Destaca que en los últimos cinco años de su vida ejerce todo el poder que no había podido por su exilio e itinerancia.

“Es lúcido. Muestra una energía moral endurecida. Es un hombre que no se conmueve, aferrado a su propia lógica, incapaz de ceder, convencido de que sólo él puede sostener el orden”, detalla tras consultar la correspondencia con Margarita Maza, sus papeles oficiales, la bibliografía de la época y testimonios de intelectuales que lo conocieron, como Guillermo Prieto.

“En el libro lo veo como una caída, un arco descendiente, como una estrella que, después de haber servido a su país con luz propia, comienza a precipitarse”, concluye.

TÍTULO: Yo, Benemérito.
AUTOR: Gustavo Vázquez Lozano.
EDITORIAL: Debate, México, 2026, 288 pp.