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El policía da lo que tiene

19 de febrero de 2017.

AL PAREDÓN

EL POLICÍA DA LO QUE TIENE

Teófilo Alvarado

Hace unos días, fui testigo de la forma en que policías municipales subieron un borrachito a una patrulla, en el cruce de la Perimetral Carlos Amaya y calle Fernando Borreguero.

De la banqueta lo levantaron entre tres oficiales y literalmente lo arrojaron a la caja metálica de la unidad, donde nomás le tronaron los huesos al impactarse.

Un hijo que me acompañaba se sorprendió mucho al ver también dicha acción, y hasta cuestionó por qué lo aventaban “como si fuera basura”.

Si un niño de nueve años discernió sobre la falla de los protectores de la ley, cualquiera puede darse cuenta del maltrato recurrente en que incurren los agentes contra los ciudadanos. Y no vamos a decir que sean únicamente los elementos de Secretaría de Seguridad Pública municipal, ya que en distintos momentos se ha sabido de los abusos en que caen uniformados de distintas corporaciones.

Se entiende que si tratan de arrestar a determinada persona, en algunas ocasiones puedan ser agredidos también y tengan que someterlo con más energía, pero en el caso que refiero, puedo decir con toda certeza que no había necesidad. Era un indigente ebrio que apenas si podía moverse.

Así que sin darle más vueltas al asunto, debo afirmar que muchos juarenses han sido testigos también, e incluso han vivido en carne propia, la actuación prepotente de algunos elementos que no tienen ni la capacitación ni el perfil de servicio y que por el contrario, parece que lo único que hacen es sacar sus frustraciones contra sus semejantes.

No voy a decir que todos sean iguales, pero también se observa un ambiente de permisividad, de tolerancia de los superiores.

Afortunadamente, cada vez más personas portan un teléfono celular con cámara, y pueden documentar la actuación de los policías de cualquier nivel de gobierno e incluso de cualquier servidor público que pudiera estar infringiendo las normas o violando derechos fundamentales.

El caso registrado hace unos días, donde un detenido murió al parecer en una intervención policiaca en la ciudad, pudiera dar pie para meterse a fondo en los protocolos de actuación de los uniformados, hasta como medida de autoprotección, pero sobre todo como mecanismo para garantizar el respeto a la vida y a la integridad del ciudadano.

De momento ya se realiza una investigación para determinar las circunstancias exactas en que se dio el fallecimiento del detenido en una estación policíaca, pero tal vez sea momento de ir más allá.

Algún consejo ciudadano o agente externo, debiera elaborar manuales, capacitar a los oficiales y beneficiarlos con atención psicológica, terapias anti estrés, pero yendo de la mano con los altos directivos del Municipio, para modificar los horarios de trabajo de los policías, para que puedan descansar adecuadamente, practicar deportes y recrearse con su familia, para que estén en condiciones de bienestar para transmitirlo a los demás, porque nadie da lo que no tiene, como dice la famosa frase.



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